TALLER SOBRE LA
CUARESMA 2014
Realiza la siguiente
lectura y luego responde las siguientes preguntas:
1 ¿Qué es cuaresma? y
¿cómo se debe vivir este tiempo’
2 ¿Qué tiempo
litúrgico prepara la cuaresma?
3 ¿Con qué ceremonia
inicia el tiempo de cuaresma?
4 ¿Qué celebración se
hace todos los viernes de tiempo de cuaresma?
5 ¿Qué significado
tiene la penitencia, el ayuno y la abstinencia en la cuaresma?
6 Cuál es el
significado de la palabra (Metanoia)
7 Realiza una
reflexión de la parábola “NUESTRAS MÁSCARAS”
La
Cuaresma, camino hacia la Pascua
Invitación a la penitencia
1. Encontramos que el primer día de Cuaresma, es el Miércoles de Ceniza. En esta jornada, al
comenzar estos cuarenta días de preparación a la Pascua, la Iglesia nos impone
la ceniza sobre la cabeza y nos invita a la penitencia. La
palabra penitencia se repite en muchas páginas de la Sagrada Escritura ,
resuena en la boca de tantos profetas y, en fin, de modo particularmente
elocuente, en la boca del mismo Jesucristo: «Arrepentios, porque el reino de
los cielos está cerca» (Mt. 3,2). Se puede decir que Cristo introdujo la
tradición del ayuno de cuarenta días en el año litúrgico de la Iglesia, porque
Él mismo «ayunó cuarenta días y cuarenta noches» (Mt 4,2), antes de comenzar a
enseñar. Con este ayuno cuadragesimal, la Iglesia, en cierto sentido, esta
llamada cada año a seguir a su Maestro y Señor si quiere predicar eficazmente
su Evangelio. El primer día de Cuaresma –precisamente hoy– debe testimoniar de
modo especial que la Iglesia acepta esta llamada de Cristo y que desea
cumplirla.
Convertirse a Dios
2. La penitencia en sentido evangélico significa sobre
todo conversión. Bajo este aspecto es muy significativo el pasaje del Evangelio
del Miércoles de Ceniza. Jesús habla del cumplimiento de los actos de
penitencia conocidos y practicados por sus contemporáneos, por el pueblo de la Antigua Alianza. Pero
al mismo tiempo somete a crítica el modo puramente externo del cumplimiento de
estos actos: limosna, ayuno, oración, porque ese modo es contrario a la
finalidad propia de los mismos actos. El fin de los actos de penitencia es un
más profundo acercarse a Dios mismo para poderse encontrar con Él en lo íntimo
de la entidad humana, en el secreto del corazón.
«Cuando hagas, pues, limosna, no vayas tocando la
trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas... para ser alabados de los
hombres... No sepa tu izquierda lo que
hace la derecha, para que tu limosna sea oculta, y el Padre que ve lo oculto te
premiará.
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas..., para ser
vistos de los hombres..., sino... entra en tu cámara y, cerrada la puerta, ora
a tu padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo escondido, te
recompensará.
Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los
hipócritas..., (sino)... úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los
hombres que ayunas, sino tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en
lo secreto, te recompensará» (Mt. 6,2).
Por lo tanto, el significado primero y principal de la
penitencia es interior, espiritual. El esfuerzo principal de la penitencia
consiste en entrar en sí mismo, en lo más profundo de la propia entidad, entrar
en esa dimensión de la propia humanidad en la que, en cierto sentido, Dios nos
espera. El hombre exterior debe ceder –diría– en cada uno de nosotros al hombre
interior y, en cierto sentido, dejarle el puesto. En la vida corriente el
hombre no vive bastante interiormente. Jesucristo indica claramente que también
los actos de devoción y de penitencia (como el ayuno, la limosna, la oración)
que por su finalidad religiosa son principalmente interiores, pueden ceder al
exteriorizan corriente, y, por lo tanto, pueden ser falsificados. En cambio, la
penitencia, como conversión a Dios, exige sobre todo que el hombre rechace las
apariencias, sepa liberarse de la falsedad y encontrarse en toda su verdad
interior. Hasta una mirada rápida, breve, en el fulgor divino de la verdad
interior del hombre, es ya un éxito. Pero es necesario consolidar hábilmente
este éxito mediante un trabajo sistemático sobre sí mismo. Tal trabajo se llama
ascesis (así lo llamaban ya los griegos de los tiempos de los orígenes del
cristianismo). Ascesis quiere decir esfuerzo interior para no dejarse llevar y
empujar por las diversas corrientes exteriores, para permanecer así siempre
ellos mismos y conservar la dignidad de la propia humanidad.
Pero el Señor Jesús nos llama a hacer aún algo más.
Cuando dice «entra en tu cámara y cierra la puerta», indica un esfuerzo
ascético del espíritu humano que no debe terminar en el hombre mismo. Ese
cerrarse es, al mismo tiempo, la apertura más profunda del corazón humano. Es
indispensable para encontrarse con el Padre, y por esto debe realizarse. «Tu
Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Aquí se trata de recobrar la
sencillez de pensamiento, voluntad y corazón, que es indispensable para
encontrarse con Dios en el propio yo interior. ¡Y Dios espera esto para
acercarse al hombre interiormente recogido y, a la vez, abierto a su palabra y
a su amor! Dios desea comunicarse al alma así dispuesta. Desea darle la verdad
y el amor que tienen en Él la verdadera fuente.
Liberación espiritual
3. Así, pues, la corriente principal de la Cuaresma debe
correr a través del hombre interior, a través de corazones y conciencias. En
esto consiste el esfuerzo esencial de la penitencia. En este
esfuerzo, la voluntad humana de convertirse a Dios es investida por la gracia
proveniente de conversión y, al mismo tiempo, de perdón y liberación
espiritual. La penitencia no es sólo un esfuerzo, una carga, sino también una
alegría. A veces es una gran alegría del espíritu humano, alegría que otros
manantiales no pueden dar.
Parece que el hombre contemporáneo haya perdido, en
cierta medida, el sabor de esta alegría. Ha perdido además el sentido profundo
de aquel esfuerzo espiritual que permite volver a encontrarse a sí mismo en
toda la verdad de la intimidad propia. A esto contribuyen muchas causas y
circunstancias que son difícil analizar en los límites de este discurso.
Nuestra civilización –sobre todo en Occidente–, estrechamente vinculada con el
desarrollo de la ciencia y de la técnica, entrevé la necesidad del esfuerzo
intelectual y físico; pero ha perdido notablemente el sentido del esfuerzo del
espíritu, cuyo fruto es el hombre visto en sus dimensiones interiores.
En fin, el hombre que vive en las corrientes de esta
civilización pierde muy frecuentemente la propia dimensión; pierde el sentido
interior de la propia humanidad. A este hombre le resulta extraño tanto el
esfuerzo que conduce al fruto hace poco mencionado como la alegría que proviene
de él: la alegría grande del descubrimiento y del encuentro, la alegría de la
conversión (metanoia), la alegría de la penitencia.
La liturgia austera del Miércoles de Ceniza y, después,
todo el período de la Cuaresma es –como preparación a la Pascua– una llamada
sistemática a esta alegría: a la alegría que fructifica por el esfuerzo del
descubrimiento de sí mismo con paciencia: «Con vuestra paciencia compraréis (la
salvación) de vuestras almas» (Lc. 21,19).
Cuaresma:
tiempo litúrgico que recuerda los cuarenta días que Jesús pasó en el
desierto. Es un tiempo de reconciliación
Origen y significado
de la fiesta
La Cuaresma es el
tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran
fiesta de la Pascua.
Es tiempo para
arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser
mejores y poder vivir más cerca de Cristo.
También cabe decir
que la liturgia considera el Viernes Santo, Sábado Santo y domingo de
resurrección, toda una celebridad junta llamada "Triduo Pascual".
Inicialmente, la
Cuaresma iba desde el Primer Domingo de Cuaresma al Jueves Santo, pero a raíz
de una reforma litúrgica, se descontaron los domingos por considerarlos
pascuales y no penitenciales. Para "cuadrar", se añadió a la cuaresma
los días que van del Miércoles de Ceniza hasta el Primer Domingo de Cuaresma.
De esta manera salen los 40 días. Actualmente, y lo repito de nuevo, la
Cuaresma va desde el Miércoles de
Ceniza hasta el Jueves Santo.
A lo largo de este
tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por
recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como
hijos de Dios.
El color litúrgico de
este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de
reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al
misterio pascual.
En la Cuaresma,
Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma
como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando,
compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una
serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo.
El pecado nos aleja
de Dios, rompe nuestra relación con Él, por eso debemos luchar contra él pecado
y esto sólo se logra a través de la conversión interna de mente y corazón.
Un cambio en nuestra
vida. Un cambio en nuestra conducta y comportamiento, buscando el
arrepentimiento por nuestras faltas y volviendo a Dios que es la verdadera
razón de nuestro existir.
La Cuaresma es el
tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la
vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia,
los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos.
La Cuaresma es un
camino hacia la Pascua, que es la fiesta más importante de la Iglesia por
ser la resurrección de Cristo, el fundamento y verdad culminante de nuestra fe.
Es la buena noticia que tenemos obligación de difundir.
En Cuaresma,
aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a
tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.
La duración de la
Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta,
se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha
del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en
la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de
comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en
Egipto.
En la Biblia, el
número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el
tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.
El ayuno y la
abstinencia en la Cuaresma
El ayuno consiste en
hacer una sola comida fuerte al día.
La abstinencia
consiste en no comer carne.
Son días de
abstinencia y ayuno el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.
La abstinencia obliga
a partir de los catorce años y el ayuno de los dieciocho hasta los cincuenta y
nueve años de edad.
Con estos
sacrificios, se trata de que todo nuestro ser (alma y cuerpo) participe en un
acto donde reconozca la necesidad de hacer obras con las que reparemos el daño
ocasionado con nuestros pecados y para el bien de la Iglesia.
El ayuno y la
abstinencia se pueden cambiar por otro sacrificio, dependiendo de lo que dicten
las Conferencias Episcopales de cada país, pues ellas son las que tienen
autoridad para determinar las diversas formas de penitencia cristiana.
Cómo vivir la
Cuaresma
1. Arrepintiéndome de
mis pecados
Pensar en qué he
ofendido a Dios, Nuestro Señor, si me duele haberlo ofendido, si realmente
estoy arrepentido. Este es un muy buen momento del año para llevar a cabo una
confesión preparada y de corazón. Revisa los mandamientos de Dios y de la
Iglesia para poder hacer una buena confesión. Ayúdate de un libro para
estructurar tu confesión. Busca el tiempo para llevarla a cabo.
Analiza tu conducta
para conocer en qué estás fallando. Hazte propósitos para cumplir día con día y
revisa en la noche si lo lograste. Recuerda no ponerte demasiados porque te va
a ser muy difícil cumplirlos todos. Hay que subir las escaleras de un escalón
en un escalón, no se puede subir toda de un brinco. Conoce cuál es tu defecto
dominante y haz un plan para luchar contra éste. Tu plan debe ser realista,
práctico y concreto para poderlo cumplir.
3. Haciendo
sacrificios
La palabra sacrificio
viene del latín sacrum- facere, que significa "hacer sagrado".
Entonces, hacer un sacrificio es hacer una cosa sagrada, es decir, ofrecerla a
Dios por amor. Hacer sacrificio es ofrecer a Dios, porque lo amas, cosas que te
cuestan trabajo. Por ejemplo, ser amable con el vecino que no te simpatiza o
ayudar a otro en su trabajo. A cada uno de nosotros hay algo que nos cuesta
trabajo hacer en la vida de todos los días. Si esto se lo ofrecemos a Dios por
amor, estamos haciendo sacrificio.
Aprovecha estos días
para orar, para platicar con Dios, para decirle que lo quieres y que quieres
estar con Él. Te puedes ayudar de un buen libro de meditación para Cuaresma.
Puedes leer en la Biblia pasajes relacionados con la Cuaresma.
Sugerencias para
vivir la Cuaresma
·
Rezar la Oración de Cuaresma
Padre nuestro,
que estás en el Cielo, durante esta época de arrepentimiento, ten misericordia
de nosotros.
Con nuestra
oración, nuestro ayuno y nuestras buenas obras, transforma nuestro egoísmo en
generosidad.
Abre nuestros
corazones a tu Palabra, sana nuestras
heridas del pecado, ayúdanos a
hacer el bien en este mundo. ¿Qué transformemos la obscuridad y el dolor en vida y alegría. Concédenos estas cosas por Nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
NUESTRAS MÁSCARAS
Cuenta una leyenda que, cierto día, la Hermosura y la
Fealdad se juntaron a la orilla del mar. Hacía mucho calor y, viendo el agua,
ambas decidieron darse un chapuzón en el mar.
Así pues, sin pensárselo dos veces, se despojaron de
la ropa y se sumergieron en las frescas aguas del mar. Pasado un rato, la
Fealdad salió de la playa y, sin darse cuenta, se colocó la ropa de la
Hermosura y, acto seguido, siguió su camino.
Al cabo de un tiempo también la Hermosura salió del
agua pero, para su sorpresa, no pudo encontrar su ropa. Era muy tímida y, como
no se atrevía a caminar desnuda, se colocó la ropa de la Fealdad. Tras hacerlo
continuó también su camino.
Y cuentan que, desde aquel momento, los seres humanos
las confunden y mezclan con relativa facilidad.
No obstante hay personas que han conseguido contemplar
la cara de la Hermosura, han conseguido reconocerla sin importar los ropajes
que lleva puestos. Y, de igual forma, también han sido capaces de reconocer la
cara de la Fealdad sin dejar que el tejido se la esconda de sus ojos. - KAHLIL GIBRÁN –
